viernes, 22 de junio de 2012

CUEVA DE LA ORQUIDEA

La primera incursión subterránea que llevé a cabo fue a la actualmente llamada Cueva de la Orquídea a mediados de 1970 cuando su único acceso era un agujero en su bóveda de apenas 60 centímetros de diámetro.

Amigos de las calles de Luxemburgo y Belisario Domínguez (yo vivia en la primera) así como algunos alumnos de la entonces secundaria "Antonio María de Rivera", formamos el contingente sin más equipo que una gruesa y tosca cuerda de ixtle de diez metros de largo que adquirí en un comercio cercano al mercado Jáuregui. Algunos llevaban linternas y otros no.

En la calle de Allende abordamos un autobús urbano Calvario Estación y al llegar al sucio y maloliente lote baldío de la ahora restaurada caverna, ubicada a un costado de la avenida Miguel Alemán, amarramos la cuerda a uno de los postes de energía eléctrica que están casi sobre su bóveda.

Primero descendió un compañero, atándose la soga a la cintura y una vez que tocó el piso de la húmeda y oscura cueva de naturaleza volcánica, desató el nudo y gritó a los de afuera para que jaláramos la cuerda.
Después el que esto escribe dijo "Ahora voy yo" y tras un sencillo amarre nos descolgamos unos seis metros sin tocar fondo hasta que las suelas de nuestras botas pisaron unas rocas sueltas.

En menos de tres minutos el grupo completo estaba dentro de la caverna y conforme nos acostumbramos a la oscuridad nos íbamos percatando de sus enormes dimensiones.
Mide unos 30 metros de ancho por 60 metros de largo y desde la parte más baja del piso hasta el tragaluz natural con forma de orquídea que a la postre dió nombre a la caverna, la altura aproximada es de 10 metros.

No obstante por esa época los vecinos la empleaban de basurero por lo que bajo el tragaluz había una enorme montaña de basura y animales muertos que casi alcanzaba las rocas volcánicas de la bóveda natural del imponente antro xalapeño

Con más miedo que entusiasmo recorrimos todo el largo de la hoquedad y al final apreciamos un pequeño hueco en la pared y tras caminar en cuclillas unos cinco metros, logramos penetrar a una cueva anexa a la gran caverna.
De ocho metros de largo por cinco de ancho y cuatro de altura esta cueva no tiene ninguna salida y no hay otra ni tampoco ningún túnel natural que llegue hasta el centro de la ciudad por lo menos desde el interior de la Cueva de la Orquídea.
De esto no quepa la menor duda porque en incursiones posteriores lo comprobamos plenamente.

Nuestra visita de 1970 está considerada como la primera de la historia con fines meramente deportivos pero el autor de estas lineas volvió a entrar a la caverna en marzo de 1983 y la dió a conocer a la opinión pública a través de una serie de artículos periodísticos, por lo que el nombre de José Luis Yáñez puede leerse en el letrero de información turística colocado a la entrada de la caverna.

Antes no tenía las entradas que ahora posee y en julio de 2011 la Lic. Elizabeth Morales García, Presidenta Municipal de Xalapa, abrió la caverna al turismo local, estatal e internacional, mediante recorridos diarios encabezados por jóvenes expertos, encabezados por Alejandro Montano.

El nombre de Cueva de la Orquídea le fué dado por Yáñez García en una crónica periodística y sugerimos a usted visitarla. No hay ningún peligro, la caverna es bellísima. Tampoco se cobra el acceso y al entrar le proporcionan casco, linterna y una amplia explicación. Lleve a la familia.

José Luis Yáñez desciende a la Cueva de la Orquídea en 1970.


José Luis Yáñez frente a la Cueva de la Orquídea en 1983.

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